Por qué las personas tienen sexo con animales


Artículo publicado originalmente por TONIC Estados Unidos.

En 1948, Alfred Kinsey sorprendió al mundo cuando lanzó su primera publicación acerca de los comportamientos sexuales de los estadounidenses. Entre sus más sorprendentes hallazgos, entonces y ahora, estuvo el hecho de que el 8 por ciento de los hombres que entrevistó reportaron haber participado en actividades sexuales con un animal. Así es, estamos hablando de casi 1 de cada 12 hombres.

El trabajo de Kinsey no se basó en una muestra representativa de los estadounidenses y, por supuesto, muchos han llegado a la conclusión de que probablemente haya hecho una sobrestimación de los zoófílicos. Pero, tal vez no fue así. En una encuesta reciente que realicé sobre las fantasías sexuales de 4,175 estadounidenses, descubrí que 1 de cada 5 participantes reportaron haber fantaseado al menos una vez acerca de cómo sería hacerlo con un animal. Para ser claros, mis datos tampoco son representativos, pero no importa cómo lo veas, ciertamente parece ser que las fantasías y conductas sexuales entre especies ocurren con sorprendente frecuencia, esto a pesar del hecho de que el bestialismo actualmente es ilegal.

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La pregunta que probablemente todos se estén haciendo ahora mismo es qué es lo que tanta gente encuentra excitante sobre tener sexo con animales en primer lugar. Bueno, finalmente tenemos algo de información: un nuevo estudio publicado en Journal of Sex & Marital Therapy presenta los resultados de la encuesta más amplia hasta la fecha de adultos que se identifican como zoofílicos.

Este estudio incluyó a 958 zoófílicos, los cuales fueron reclutados en línea y se les preguntó sobre la frecuencia con la que tienen sexo con animales, sus creencias sobre la zoofilia y sus preferencias y prácticas sexuales. En promedio, estas personas reportaron haber tenido sexo con animales dos o tres veces por semana. A algunos de ellos les gusta exclusivamente el sexo con animales, mientras que otros también tienen parejas humanas. Las parejas animales más preferidas resultaron ser los perros, pero los caballos les siguen muy de cerca (un hallazgo que es consistente con investigaciones anteriores sobre este tema). De hecho, los perros y los caballos fueron los dos animales más populares, con un 97 por ciento de los participantes teniendo preferencia por uno de los dos.

Entonces, ¿qué les resulta tan sexualmente atractivo de estos animales? En parte, tiene que ver con su olor. Lo creas o no, el 89 por ciento dijo que el “olor a almizcle” era un factor clave en el atractivo de su pareja animal. Pero no es solo eso, parece que el factor crucial es realmente el olor y la apariencia de los genitales en particular. En palabras de los autores del estudio, “cuanto más húmedo, peludo y apestoso, más atractivo es el animal para los zoosexuales”.

Sin embargo, no todo se trata de los sentidos. Para muchos, parte de este atractivo reside en el hecho de que el sexo con animales viola las principales normas y convenciones sociales. Las actividades tabú en general (ya sea que involucren animales o no) tienen un gran atractivo sexual para las personas porque agregan una capa extra de excitación y emoción. En palabras de uno de los participantes: “Lo que hace que los animales sean sexualmente atractivos para mí, supongo que tiene que ver con la naturaleza tabú de ello, y que aunque sus órganos sexuales funcionan de la misma manera que los humanos, tienen características diferentes que hacen que la actividad sexual sea más interesante y placentera. También me gustan los genitales humanos, pero prefiero los de los animales. No estoy muy seguro de por qué, pero así es. Me excitan más que los humanos teniendo sexo pervertido”.

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Para mí, lo que sugieren los hallazgos anteriores es que algunas personas podrían sentirse atraídas por el sexo con animales porque buscan sensaciones distintas: simplemente tienen un umbral más alto de excitación sexual, lo que significa que necesitan un estímulo más intenso para llegar al clímax. Hacer algo que es un tabú y/o estar con una criatura que tiene genitales muy distintos a los humanos podría ser lo que estas personas necesitan para llevar su excitación a otro nivel.

Dicho esto, también podría haber un componente didáctico aquí. De hecho, algunos participantes del estudio hablaron sobre experiencias de la primera infancia (incluidas las visitas a granjas que les dejaron una impresión imborrable) que moldearon su interés en los animales. Sin embargo, hay que hacer una advertencia importante aquí: no podemos decir si eso es lo que realmente los llevó a desarrollar este interés, o si estas personas solo están buscando respuestas mediante el análisis de su pasado.

Entonces, ¿cómo se sienten estas personas acerca de tener relaciones sexuales con animales? La gran mayoría, el 72 por ciento, dijo que no ve nada malo en lo que hace. Aún más, el 80 por ciento, dijeron que piensan que todo lo que hacen con los animales es seguro para ellos y que los animales les ofrecieron su consentimiento.

Los participantes describieron muchos símbolos de consentimiento animal, que van desde señales audibles como ladridos hasta señales físicas, como que el animal se ve feliz o que corre alrededor de ellos. En palabras de un participante: “Los animales se comunican utilizando el lenguaje corporal y te hacen saber cuando no les gusta lo que estás haciendo, por lo general advirtiéndote con ruidos y dando señales de que lo que sea que estés haciendo los irrita”.

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Como dijo otro participante: “Esos perros nunca se ven más felices que cuando su dueña les permite montarla. Los perros no ven el sexo como algo sagrado como lo hace nuestra sociedad. Lo hacen porque quieren y no pueden sentirse emocionalmente lastimados por ello”.

Una reacción común a todo esto es decir que como los animales no son humanos y no pueden hablar por sí mismos, no pueden ofrecer realmente su consentimiento. Por lo tanto, muchos dirían que la zoofilia es algo malo. Otros pueden señalar que esto plantea la cuestión de por qué nos preocupamos tanto por las cuestiones de consentimiento cuando se trata de tener sexo con animales, pero no cuando se trata de cazarlos, comerlos, mantenerlos como mascotas o convertirlos en accesorios de moda.

Justin Lehmiller es investigador en el Instituto Kinsey y autor del blog Sex and Psychology. Su libro más reciente es Tell Me What You Want: The Science of Sexual Desire and How It Can Help You Improve Your Sex Life [Dime lo que quieres: la ciencia del deseo sexual y cómo puede ayudarte a mejorar tu vida sexual]. Síguelo en Twitter @JustinLehmiller.

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