Un tema invisible, el sexo y la diversidad funcional: “Todos queremos coger”


Artículo publicado por VICE Argentina

La yema de los dedos recorre con suavidad el lóbulo de su oreja. Él, tieso, mira su rostro bajo el influjo de un encantamiento y esboza una sonrisa tímida pero sincera. Ella toma su mano y, sin más, dando el paso, se la pasa entre las tetas. “Esto es una teta”, le dice ella confirmando y afirmando lo que para muchos es obvio pero para otros es un descubrimiento, una primera vez. El tiritar es tal que él se aferra a la silla con los dedos tensos y el cuerpo deseoso. Y desde ahí, el goce. Entretanto, la escena realmente sucedió. Y esa escena son muchas escenas a la vez: dentro de la palestra de la sexualidad humana siempre se invisibiliza a las personas con diversidad funcional, a los discapacitados. El sexo no es propiedad de unos o de otros. “Todos queremos coger”, sigue ella.

Laura abre la puerta de su casa en el barrio de Floresta, saluda con un beso y presenta a Laura, su compañera de casa. Por ese entonces sólo están ellas dos. La que falta es Laura, que salió hace un rato. En esa casa viven tres Lauras y las tres son trabajadoras sexuales. La anfitriona, Laura Meza, ofrece un té de boldo, se prende un pucho y se sacude el glitter que todavía tiene pegado en sus cachetes. Hace unos días fue la Marcha del Orgullo LGBTIQ y se paseó en la carroza de AMMAR, la Asociación de Meretrices de Argentina, agrupación de la que forma parte desde hace tiempo. Ella tiene 51 años, es trabajadora sexual de moralidad callejera y se presenta como delegada de AMMAR en Floresta.


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Entre otras cosas, Laura se especializa en diversidad funcional y atiende a personas con discapacidades físicas, mentales y motrices. En pocas palabras: tiene sexo con ciegos, personas con síndrome de down y con hombres con parálisis totales y parciales. De pronto, su trabajo se yuxtapone con el de asistencia social. O, tal vez, el de asistencia sexual. “Estoy totalmente de acuerdo con el sexo y la discapacidad”, sentencia firme mientras quita del medio un largo mechón de su pelo. El trabajo con la empatía y su conocimiento en enfermería hicieron que Laura Meza encare con hidalguía la sexualidad vinculada a la diversidad funcional.

VICE: ¿Quién hace el primer contacto para un encuentro sexual?

Laura Meza: Generalmente se contactan los tíos o los hermanos. Lo que hago es hablar con la familia y que ellos estén de acuerdo en todo. Estoy totalmente de acuerdo con el sexo y la discapacidad. Somos todos iguales. De hecho, hoy en día muchas compañeras trabajan con discapacitados. A mí, suelen contratarme por el sindicato. Ellas saben a quién recomendar según el caso.

¿Cómo son las charlas con la familia o los tutores?

LM: La que pregunta siempre sos vos. “¿Por qué llegaron hasta acá?” “¿Hay consenso de todas las partes?” “¿Tienen claro que van a estar con una trabajadora sexual?” Igual, por eso, la duda siempre la tenés vos. Estás como mirando qué onda. Tampoco podés dar muchas explicaciones porque tampoco sabés con qué te vas a encontrar. A veces sólo quieren la existencia de una mujer. Y no todo ocurre sexualmente.

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¿Cómo hiciste vos para interiorizarte del tema?

LM: Tengo experiencia en enfermería. Eso me ayudó. Siempre estudiamos y nos interiorizamos del tema. Uno tiene que poner media pila en esa y ponerse en el lugar del otro. Me hubiera gustado que si fuera discapacitada me vengan a coger, boludo. Como a cualquier persona, digamos. Hay algunas compañeras que terminan no cobrando porque sienten que están haciendo un bien. Obvio que a veces cuesta cobrar pero es mi tiempo y mi trabajo.

¿Con qué tipos de diversidades funcionales trabajás?

LM: Estamos hablando de ciegos, síndrome de down, no importa en sí. Porque no hay manera de decir “a este sí y a este no”. No trabajamos desde ese lugar. Todavía no me tocó un esquizofrénico. A esos ya los tenés en la calle: están todos esquizofrénicos. Es obvio que un señor que no tiene piernas tiene una experiencia distinta a uno que sí tiene. Y no es lo mismo la discapacidad mental que el síndrome de down. Digamos que el trabajo sexual es único. Las diferencias son en las discapacidades y no en el trabajo sexual.


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¿Qué devoluciones te dan tus clientes?

LM: Amén de que te reditúan plata sentís que aportaste algo diferente a esta sociedad machista y patriarcal. Aportamos para que cambie un poco esta mierda. Una se siente re bien. Generalmente todo termina con el agradecimiento de los familiares. Es increíble que, por ejemplo, para el día de la madre, te busquen en Facebook y te digan que sos una buena persona. Nosotras pensamos en los demás. De hecho, en la vida tenés dos opciones: o te quedás llorando tus pálidas o salís a romperla toda. Y el feminismo salió a romperla toda, por eso ganó tanto protagonismo.

¿El trabajo sexual especializado en diversidad funcional es estigmatizante?

LM: No, no lo es. A nosotras nos ven como víctimas pero no somos víctimas de nada. Somos personas igual que todos que salimos a lucharla todos los días. También nos cuesta llegar a fin de mes, pagar los impuestos y todo eso. Pero no somos víctimas de la sociedad. Siempre va a haber ese tabú hacia la trabajadora sexual. Por suerte, la sociedad está cambiando. El otro día, un vecino me alabó mi remera que dice “Puta feminista”. Es que pegó mucho el lema de “Vamos con las putas, nunca con la yuta”.

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