Así fueron los primeros seis meses de las Farc en el Congreso de Colombia


Artículo publicado por VICE Colombia.


Son las 3:30 de la tarde en el Salón Elíptico de la Cámara de Representantes del Capitolio Nacional. Falta un día para que se termine el año legislativo en el Congreso de la República y sus funcionarios están inmersos en una carrera contrarreloj para archivar o aprobar proyectos de ley. Sesionan hasta pasada la media noche, discuten con cronómetro y, solo al final, resuelven a pupitrazo. El recinto, como le dicen todos, debería estar lleno, pero no. Casi la mitad de las sillas están vacías, casi la mitad de los congresistas están ausentes.

“Hace uso de la palabra el representante Cala por el partido Farc-EP”, anuncia la “voz en off”. Un hombre de 54 años, gafas redondas y pelo largo recogido en una coleta sube al atril. Ahora es Reinaldo Cala, pero antes fue Jairo Quintero, el fundador de la extinta guerrilla, la de las Farc, en la Sierra Nevada de Santa Marta. Nació en Palmar, un municipio de la provincia Comunera de Santander, y por más de 35 años estuvo “en la insurgencia”. Combatió en Barrancabermeja, en el Magdalena Medio, en Arauca y en la Costa Atlántica.

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El senador Roy Barreras, del Partido de la U. | Foto: Sebastián Comba. | VICE Colombia.

—Para mí es un hecho grande y transcendental— comienza Barreras antes de que yo encienda mi grabadora—. Después de 54 años, la guerrilla más grande de Latinoamérica ha dejado las armas y las ha cambiado por estos micrófonos en los que se expresa con gran dificultad. Yo le hago un símil: es como si a uno de nosotros lo soltaran en la selva. No sería capaz de encontrar el camino. A eso se suman una gran hostilidad por su presencia en el Congreso y una falta de garantías para su participación.

Con esto último tiene razón. Durante los primeros tres meses, las Farc-EP se enfrentó a juicios y prevenciones por parte de quienes se opusieron a la firma del Acuerdo. “Terroristas”, “asesinos”, los llamaron más de una vez. “Fueron muchos ataques por parte de sus opositores y justificados, además, porque muchos de ellos no sólo están en contra de su presencia en el Congreso, sino que son hijos de secuestrados o asesinados por las Farc. Era normal esa prevención”, dice María José Pizarro.

Sin embargo, su presencia fue normalizándose con el tiempo y en este momento, el balance resulta positivo. Salvo tres o cuatro congresistas que identifican con nombre propio —Paola Holguín, Carlos Felipe Mejía, María del Rosario Guerra y Óscar Leonardo Villamizar— se han abierto espacios de discusión y debate inteligente con los demás sectores.

Si bien no han logrado aprobar proyectos, han sido agentes férreos de control político. “Hemos tratado de hundir los que son nocivos para los colombianos y cuando no es posible, de limitar su daño por medio de remiendos y proposiciones aditivas”, dice Sergio Marín. Para el año que viene, tienen planeado concentrarse en cinco propuestas específicas, mantenerse a la bancada alternativa y legislar con un pie en la calle, es decir, acompañando las movilizaciones ciudadanas y los espacios de lucha.

***

Hace quince años, un carro bomba explotó en el club El Nogal de Bogotá. Dejó 36 muertos, 198 heridos y a Bertha Fries con varias esquirlas que le hicieron perder la movilidad de sus brazos y piernas. El atentado fue atribuido a las Farc y Bertha diagnosticada con cuadriplejia. El 10 de diciembre de este año, día internacional de los Derechos Humanos, Bertha visitó el Senado, abrazó a Sandra Ramírez, la viuda y compañera ideológica de Manuel Marulanda Vélez, y le dijo: “yo los perdono”.

Ramirez prolongó el abrazo, inclinó la cabeza y subió hasta el atril con una planta que le ofreció a Álvaro Uribe Vélez como símbolo de reconciliación. “Yo no albergo odios”, le dijo Uribe sin recibir el presente. “Quien alberga odios se pierde lo mejor de la vida”. El senador, además de ser uno de los principales detractores del Acuerdo de paz, asegura haber sido una de las víctimas de la guerrilla cuando en 1983, el frente 36 de las Farc asesinó con dos disparos a su padre, Alberto Uribe Sierra.

Sandra Ramírez no se dio por vencida y volvió insistir. “No puedo negarme a recibirle la matica”, le dijo Uribe mientras caminaba hasta ella. “Pero le pido que entienda que existen muchas diferencias entre nosotros. La elegibilidad política de quienes fueron guerrilleros es una”.

—El país está cambiando y sólo quien tenga una visión absolutamente sectaria y obtusa no se da cuenta— me dice Iván Cepeda cuando hablamos Bertha, Sandra y Uribe.

Cinco horas más tarde, la Ley de Financiamiento fue aprobada en plenaria por la Cámara de Representantes.

http://bit.ly/2BGAMzv

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