Sobre la depuración de funcionarios con “ideas comunistas” y la táctica de la punta del iceberg


Ayer Bolsonaro informó de que pensaba hacer una depuración ideológica en toda regla dentro de la Administración brasileña para purgar a cualquier funcionario de “ideas comunistas” www.eldiario.es/politica/Gobierno-Bolsonaro-destituira-funcionarios-co Sería monstruoso que una sola persona perdiese su puesto de trabajo por causa de su ideología, pero si tenemos en cuenta que todo lo que no esté dentro de la derecha es “comunismo” para los ultras, resulta previsible que la purga sea masiva y afecte a socialistas, socialdemócratas e incluso centristas.

Bolsonaro no planteó esta medida en su campaña electoral porque habría repugnado a muchos de sus potenciales votantes. Lo mismo sucedió con Hitler, que en sus mítines previos a la quema del Reichstag y la implantación de su dictadura, nunca habló de los campos de concentración, la ilegalización de todos los partidos políticos rivales, la eugenesia…pese a que, desde un principio, estaban en su cabeza.

Es la táctica de la punta del iceberg. Igual que los partidos tradicionales ocultan su corrupción, los partidos ultras, totalitarios y que no creen en la democracia y los Derechos Humanos, ocultan inicialmente la piedra angular de sus ideas, y sólo muestran la pequeña parte que puede resultar más atractiva a su electorado. Esto les cuesta profundamente, pues reprimir el fanatismo es muy difícil, sobre todo cuando das un mitin entre vítores y vivas a la patria. Pero a grandes rasgos lo consiguen.

No obstante, sólo los maestros del engaño más hábiles logran ocultar su cara permanentemente. Hay tics que se les escapan y nos permiten ver su verdadero rostro. Proponer que el voto de una persona valga en proporción al número de hijos que tenga (con el consiguiente privilegio para los extremistas religiosos, cuyo denominador común son las familias inabarcables), es una prueba de absoluta falta de fe en la democracia, pues se niega el principio “un hombre-un voto” que constituye la premisa de todo sistema democrático. Exigir para un pacto de gobierno la retirada de ayudas a las víctimas de violencia de género, evidencia un odio visceral y patológico a las mujeres, así como una absoluta falsa de sensibilidad social (no piden ayudas para los excluidos, ni pensiones más altas para los ancianos, ni protección para los niños pobres…piden el desamparo de las apaleadas y perseguidas).

Los ultras genuinos no creen en el bien común, ni en la libertad del individuo para construir su vida. Sólo creen en la imposición totalitaria de sus mantras religiosos, étnicos, sexuales, morales…a toda persona, invadiendo su vida privada y forzándole a vivir bajo su credo. Para ellos, los conceptos “sanidad”, “educación”, “protección social”, “libertad de conciencia”, “desarrollo individual”, no tienen ningún valor. Sus obsesiones (aparte de forrarse a costa de lo público) se centran en el odio a “zorras”, “negros”, “rojos”, “judíos”, “maricones”, “ateos”, “antipatriotras”. Y lo demuestran (por mucho que inicialmente se esfuercen en ocultarlo) cada vez que salen a la palestra para, por ejemplo, negociar un acuerdo político.

Los brasileños sólo vieron la punta del iceberg de Bolsonaro. Ahora está emergiendo su montaña infinita de totalitarismo y odio. Esperemos que en España logremos hundirlo antes de que siga emergiendo.

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