“Parecen minas de carbón”: Hablamos con personas que trabajaron en ‘call centers’


Artículo publicado por VICE México.

Para algunas personas es molesto recibir llamadas de agentes de ventas telefónicos. No obstante, lo que pocos pensamos es que para quienes laboran en un call center esto también podría ser un infierno. Ese es su trabajo y tienen que cumplir con metas muy específicas para conservarlo.

Por eso buscamos a algunas personas que tienen o tuvieron este tipo de empleos y les preguntamos cómo vivieron la experiencia, qué cosas sí y no les gustaban, si lo volverían a hacer o qué recomendarían a sus amigos que se animan a intentarlo.


Carlos, 32 años

Acababa de terminar la preparatoria y sin saber qué quería hacer de mi vida, más que sacar un varo para las caguamas, empecé a buscar trabajo. Fui por un periódico y el primero que me encontré fue en un call center.

Fui, me hicieron una entrevista breve y ya estaba contratado. Tomé un curso de una semana en el que aprendí un guion para hacer la llamada perfecta. Si te evadían alguna respuesta, había una ramificación en ese esquema para que recobraras la confianza y atención del cliente.


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Lo que vendíamos eran tarjetas de crédito, pero una que nunca vi que circulara en México. Quizá no pego. Pasando la semana del entrenamiento me toco tomar el teléfono y, en pocas palabras, toda la gente estaba en su pedo y no quería ser interrumpido/molestado por un vendedor.

Duré dos semanas y sólo vendí tres tarjetas. Estaba de hueva la encargada gritándote que por qué no vendías. Yo sólo le respondía que la gente no quería nada. Después de eso salí de la empresa.

Lo único interesante de esta experiencia fue que un compañero del trabajo me pasó un truco para que tus llamadas del celular fueran gratis. Sólo eso.

Adán, 28 años

Ahí no trabajan con humanos. Sólo eres fuerza de trabajo. Controlan cada minuto de tiempo dentro de tu horario. La única ventaja es que, siendo francoparlante, me daban un bono extra de 5 mil 400 pesos. Más que call centers, parecen minas de carbón.

En los cinco meses que estuve, me cambiaron de horario cuatro veces. En una de ellas quisieron hacerme trabajar de 22:00 a 6:00 horas. No toman en cuenta tu vida personal.


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Lo rescatable era, de nuevo, que por ser del ‘french team’ me daban un gran bono, vales de despensa y restaurantes. La cara de mi jefe cuando renuncié fue una delicia. Intentó convencerme de quedarme por todos los medios, con nuevos horarios y demás. Cada vez que le decía no, una dulce miel recorría mi boca.

Andrea, 27 años

Llegué a uno por desesperación. Regresé a Colombia después de vivir seis meses en Canadá, con ganas de regresarme. Estaba recién graduada y sin experiencia laboral, por lo que muchas opciones migratorias no estaban abiertas para mí. Y la verdad conseguir trabajo en Colombia así tampoco es tarea fácil.

Decidí aplicar a una maestría en Canadá pero necesitaba dinero para todo y lo necesitaba urgentemente. Empecé a buscar trabajo y la novia de mi hermano, quien estaba en un plan parecido al mío, trabajaba en el call center al que eventualmente entré. Fui ahí con mi hoja de vida, me hicieron una prueba, una entrevista y me contrataron. Al día siguiente empecé el entrenamiento.

Me gustó que, para ser un trabajo de medio tiempo en Colombia, pagaban bien y tenía todos los beneficios de ley (salud y pensión), e incluso un subsidio para ropa. Era una campaña bilingüe, lo cual me permitía practicar inglés. Mis compañeros y supervisores eran buenas personas y divertidos. También había reconocimiento para mejorar la calidad de las llamadas. Mi favorito, el extra break. Pero también hacían fiestas o días temáticos, almuerzo gratis, cositas así.


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No me gustaba el horario. Quería uno en la mañana y no eran flexibles. Detestaba las groserías de algunos gringos. Personalmente, a mí no me fue tan mal. Había unos gruñones, pero en medio de todo resultaba entendible porque les incumplían la cita de servicio técnico. Pero había otros histéricos que me gritaban, uno hasta me dijo “you are a bitch”. A muchos de mis compañeros los trataban mal por ser “tercer mundistas”.

Todo se volvió monótono. Después de un tiempo las llamadas empezaron a sonar igual. Ya no aprendes nada nuevo, la novedad está en el cliente chistoso, amable y hasta grosero.

Brian, 28 años

Llegué ahí porque realmente necesitaba el trabajo y una amiga me lo recomendó. Coincide con que yo había perdido un año en la escuela y me había puesto a estudiar inglés. Eso me sirvió mucho.

Me presenté al call center para hacer una entrevista y al día siguiente ya estaba contratado. Para mí, ese trabajo fue tranquilo. Cada una de las llamadas que hacía duraba siete minutos y en una hora hacía ocho de ellas. Entonces, al final de mi jornada de ocho horas, realizaba un total de 65 o 70. Eso, a comparación de lo que pasaba en otros lugares, era la gloria. Llegué a saber de personas que hacían muchísimas más.

En donde yo estaba, había gente de todo. En realidad, era muy común ver a jóvenes que habían sido deportados de Estados Unidos y que necesitaban el dinero para sobrevivir. A veces hasta nos vendían drogas o cosas robadas. También había muchos fresas, que habían perdido años de la universidad.


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Además, me pagaban súper bien, me daban dinero para los taxis hacia mi casa, tenía dos días libres en la semana. Lo único que no me gustaba era que, si tenías ganas de ir al baño, o de comer con calma, simplemente no podías. Te cronometraban cada segundo que no estabas haciendo llamadas. Si te tardabas un poco más de lo permitido, te descontaban de tu salario o te castigaban de cualquier otra forma.

Joss, 26 años

Mientras trabajaba dándole clases de inglés a niños, un amigo me habló del call center en el que él estaba. Como era bilingüe, me pareció buena idea intentarlo. Fui a la entrevista, me quedé y empecé con ellos.

Yo tenía entonces 18 años y tenía sueldo base ahí. Me iba muy bien, porque aparte vendía mucho. Las comisiones me las pagaban en dólares, porque era un proyecto de Estados Unidos, así que me tocaron quincenas en las que ganaba hasta 25 mil pesos. Yo estaba fascinada. Literal, todo era: vender, vender, vender.

En algún momento ya no me dio la vida con la escuela y el trabajo. Fue una experiencia muy peculiar. Fue una época de mucho desmadre. La libertad económica al 100 por ciento implicó muchos viajes, mucha comida, muchas fiestas.


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La verdad yo nunca le encontré desventajas a ese empleo. No me hacían trabajar en fines de semana, daban bonos, el ambiente era bueno. Creo que caí en blandito. Me enteré de lugares donde las condiciones eran muy malas.

Rodolfo, 23 años

Entrar fue fácil. La entrevista, en mi caso, fue muy corta. No te preguntan muchos antecedentes. Aceptan tu solicitud casi en todos los casos. Una vez que te confirman que ya fuiste seleccionado, te dan las capacitaciones. Lo cual tampoco es nada fuera de lo común.

En la empresa para la que trabajé, la gente era muy joven. El sueldo era como de 2 mil pesos quincenales, más lo que ganes en comisiones. Al principio no está mal, ni te estresas tanto. Pero a las pocas semanas, cuando ven que vas bien, te empiezan a medir con otros estándares. Te exigen cada vez más.

Me tocó que condicionaban mi hora de comer al volumen de ventas que hiciera. Entonces, obviamente, alcanzarlo era algo que eventualmente necesitaba. Obviamente no cumples con los requisitos y eso se vuelve muy, pero muy estresante, incluso ya no te pagan nada si no haces lo que ellos te piden.

Guadalupe, 29 años

Yo trabajé en un call center de una funeraria. Y puedo decir que cuando te reclutan son muy convincentes: te dicen que no necesitas experiencia, que puedes ganar hasta 30 mil pesos al mes. Una se emociona, piensa que es una buena oportunidad.

Al principio la capacitación es como de una semana y, básicamente, ahí ellos te venden un producto. Así te enseñan a que tú lo vendas a cualquiera. Te ganan primero a ti para que creas que es lo máximo y así puedas moverlo con tus cercanos. También te dan bonificaciones y viajes, si tienes un buen desempeño. Pero es muy difícil lograrlo.

Considero que son empresas que tratan de sacarte todo lo que pueden, mientras duras. Luego simplemente te cambian por alguien más. Cuando trabajamos en eso, sabemos que lo máximo que dura una persona ahí son dos o tres meses. La verdad son una basura, como vampiros. Para ellos nada de lo que hagas es suficiente.

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