Rescate bancario y populismo


Como ciudadano siempre me ha sorprendido, no que unos medios vendidos al poder de la banca intenten hostigar a los que se declaran hostiles a sus intereses, sino que montones de personas, que conozco personalmente y que se ubican en las antípodas de una situación desahogada, consideren populista la devolución de un rescate bancario. Una medida que sería establecer la natural relación de confianza y ecuanimidad entre dos partes que se comprometieron al cumplimiento de un contrato establecido.

Es la confianza de que ambas partes harán el cumplimiento del acuerdo, como es la devolución de un préstamo, lo que sustenta nuestro sistema capitalista. Pero es evidente que este pacto no debe ser entre iguales cuando se trata de la Banca y el propio Estado puesto que una de las partes está incumpliendo su pacto de una manera flagrante a la hora de devolver las deudas contraídas con el Estado.

Ahora que estamos en precampaña, y con un pie en la campaña electoral oficial, parece que Podemos va a hacer del rescate bancario una de sus consignas electorales de cara a las líneas estratégicas de los próximos comicios.

Los medios de corte liberal, tradicionalmente bastante críticos con la formación morada, argumentan que la medida no deja de ser una propuesta populista y además electoralista, pero conviene recordar que la articulación de medidas para recuperar el dinero gastado en el rescate bancario es una reivindicación que lleva impresa en los puntos esenciales del programa electoral de dicha formación durante años.

Hagamos memoria por un momento. Recordemos que la banca, en connivencia con uno de los partidos con más casos de corrupción entre sus filas de toda Europa, ha sabido jugar sus bazas de manera realmente magistral dilatando el tiempo del olvido. Se habla mucho de oriflamas de múltiples colores, con franjas en horizontal y vertical y también se habla mucho de lazos. Lazos de todos los tamaños y todos los colores. Lazos camuflados tras pancartas y lazos enlazados, algunos mediante nudos que harían de los usados en marinería y escalada un juego de niños, pero no se habla prácticamente nada de rescates bancarios pretéritos, ni de devoluciones de la deuda contraída con el Estado. Pero aunque empiezo a flaquear de memoria hay que cosas que no se me olvidan y es la deuda de todo lo que nos deben los bancos.

Parece necesario aclarar, aunque sea de una claridad meridiana, que aunque el PP podría haber llegado a un acuerdo de «olvido» de la deuda, LA DEUDA EXISTE y existe, no con un gobierno, sino con el Estado español, es decir, una deuda con todos nosotros.

Una vez aclarado este asunto ahora la pregunta clave es: ¿Realmente se puede devolver el dinero que el Estado le prestó a la Banca? Y, como siempre, la respuesta es: «depende». Depende de las prioridades que demande la sociedad y depende de si esa prioridad es adecuadamente canalizada por determinadas opciones políticas.

¿Por qué nuestra sociedad no es tan exigente como la islandesa, la noruega, la sueca o la francesa a la hora de exigir a los bancos rescatados la «pasta» que en su día les prestó? Esa es para mí la gran pregunta. Porque yo no me imagino que algún día contrajera una deuda con el banco y este, en un alarde de altruismo desconocido, después de una demora temporal importante y haber demostrado mi absoluta incapacidad e insolvencia para pagarle, me la terminara perdonando. Ese escenario es tan improbable como que te toque el euromillón. Cualquiera que tenga contraída una deuda bancaria y no la pueda pagar sabe que adquiere el estatus de «marginal» y deberá sobrevivir, si sus ingresos son reducidos o nulos, al margen del sistema. No estoy exagerando. Conozco varios casos de pequeños empresarios que contrajeron deudas impagables después del estallido de la burbuja inmobiliaria y ahora son «marginales económicos». Por ejemplo, en esos casos tener una tarjeta de crédito es casi imposible.

Cuando una inmensa proporción de ciudadanos, que no tienen ni para llegar al sueldo medio, es tan conformista con la devolución de ese pastizal, no es la banca, ni el gobierno el que tiene un problema. Es la sociedad de mierda que lo permite la que tiene un inmenso problema.

Lo verdaderamente sorprendente es que, a cualquiera que exija algo que le exigiría a su propia madre, como es el dinero prestado, en este país le calificarán de perroflauta populista, si pretende aplicar el mismo criterio a una Banca que, casualmente, tiene comprados a los medios de comunicación para que repitan constantemente que este hecho no es posible.

Lo más sorprendente es el número de papanatas ciudadanos que repiten esas mismas mentiras, u opiniones condicionadas, y que han llegado a interiorizar hasta tal punto, después de una persistente estrategia de propaganda pertinaz, que han llegado a creer que la opinión que le han incrustado en la mollera es realmente su propia opinión.

Debo ser un incómodo grano en el culo del sistema. Sí, debo ser un antisistema, porque, por mi parte, me niego a abandonar la idea de que algún día ese dinero usado para los rescates, sea devuelto. Esa deuda, ese dinero, debe ser devuelto, de la manera que sea, pero devuelto. Devuelto a modo de tasa, devuelto a modo de impuestos sobre transacciones, devuelto en cómodos plazos, devuelto quedándome la banca deudora y pateando el culo a todos aquellos que aún estén integrados en los organigramas de esas entidades rescatadas y que fueron responsables de la deuda, devuelto en forma de activos, devuelto en forma de lo que sea, pero devuelto.

Como no soy economista, lo suyo sería crear un comité de expertos para que los morosos recalcitrantes, es decir, los bancos, porque eso es lo que son, unos inmensos morosos, dejaran de serlo, de tal manera que se alterase lo mínimo posible la macroeconomía, la microeconomía o la competitividad de nuestras cuentas para que no sea peor el remedio que la enfermedad. Ahora bien, ¿perdonarles la deuda?,….

….JAMÁS. Estaríamos socavando el sacrosanto paradigma del capitalismo y el capitalismo, según me dicen esos mismos medios liberales que defienden con tanto primor a su amada Banca, somos todos.

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