¿Por qué el Matriarcado significaría tener mejor sexo y una mejor sociedad?º


Artículo publicado originalmente por Amuse de VICE.

Según la mitología griega, las amazonas eran una raza de mujeres guerreras que se negaban a vivir con hombres. Hasta ahora, parece razonable. Con la intención de sobrevivir como raza, una vez al año, las amazonas visitaban a la tribu vecina, los gargarianos, para tener sexo con esos habitantes masculinos.

Una vez que las amazonas obtenían lo que querían, se deshacían de su amante como si fuera un pañuelo usado y regresaban a su tierra natal, con suerte, embarazadas. Nueve meses después, las amazonas se quedaban con todas las niñas que nacían y devolvían a los niños a sus padres o simplemente los dejaban morir en alguna ladera.

Para la mayoría de nosotros, la frase “sociedad matriarcal” evoca imágenes relacionadas con el mítico robo de espermatozoides, el choque de espadas y el mundo de rechazo a los hombres de las amazonas. Pero los antropólogos señalan con entusiasmo que el matriarcado no es lo opuesto al patriarcado. No significa un mundo donde las mujeres gobiernan a los hombres.

En pocas palabras, una sociedad matriarcal es aquella donde las mujeres no están en desventaja por ser mujeres, donde el poder se comparte entre los géneros y donde las madres se ubican en el centro de la cultura. Y, lo crean o no, todavía hay varias sociedades matriarcales en el mundo hoy en día.

Heide Göttner-Abendroth es la principal autoridad mundial en sociedades matriarcales, habiendo fundado la Academia Internacional de Estudios Modernos Matriarcales y Espiritualidad Matriarcal en 1986. Ella define que una sociedad matriarcal opera en cuatro niveles: económico, social, político y cultural.

Económicamente, las sociedades matriarcales no heredan la riqueza a través de la línea paterna. Más bien, comparten, y la matriarca de un grupo es responsable de distribuir los recursos entre el clan. Socialmente, estos grupos colocan a la maternidad en su núcleo, incluso los hombres avalan lo que significa ser madre. Los niños son criados colectivamente en los grupos matriarcales, todos son sus madres.

Las mujeres no quedan excluidas de la política en las sociedades matriarcales; al contrario, los hombres y las mujeres toman colectivamente cualquier decisión que afecte al grupo. Y culturalmente, estos grupos adoran a las deidades femeninas y ven al mundo natural como un mundo femenino.

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Sociedad Matrilineal de Meghalaya en Shillong, India. Foto: Getty.

Pero ¿qué pasa con el sexo? Bueno, me alegro de que se lo pregunten. En las sociedades patriarcales, la riqueza ha sido heredada históricamente por la línea paterna. Para garantizar que el poder y la riqueza se transmitan directamente de padres a hijos, la sexualidad y el sistema reproductivo de las mujeres son controlados de manera estricta con la intención de garantizar la descendencia legítima, y, por lo tanto, la sexualidad femenina es considerada como algo malo.

En una sociedad matriarcal, no hay líneas paternas, y como los hijos son criados colectivamente, no importa quién es el padre biológico. Entonces, como pueden imaginar, el sexo y la actitud hacia el goce sexual de las mujeres son completamente diferentes a los nuestros.

La tribu Mosuo vive en las provincias de Yunnan y Sichuan, en el sudoeste de China, y es conocida como la última sociedad matrilineal de China. Aunque su número se está reduciendo en la actualidad, hay registros de los Mosuo que se remontan a al menos el año 750 aC, cuando las crónicas chinas denominaron a su territorio como “nu kuo”, o “el reino de las mujeres”.

Las mujeres Mosuo no se casan, tienen tantos amantes como deseen y no tienen una palabra para “esposo” o “padre”. Los amantes no viven juntos, pero las mujeres invitan a los hombres a visitarlas en sus dormitorios por la noche. Este acuerdo se conoce como “matrimonio ambulante” y se considera que es un asunto que solo le incumbe a la pareja involucrada. Los matrimonios ambulantes pueden ser a largo plazo o pueden durar solo una noche, aunque nadie esperaría tener solo uno de estos arreglos a lo largo de su vida.

Una ruptura es igual de fácil, ya sea que la mujer deje de permitirle a su amante que la visite o que él simplemente deje de ir a verla. Un rito de iniciación significativo es cuando la madre le da a su hija la llave de su propio dormitorio para que pueda comenzar a invitar a sus amantes, lo que sin duda supera por mucho nuestras charlas sobre salud reproductiva y nuestro uso de un pepino en la práctica de enseñar a poner un condón.

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La tribu Mosuo en China, conocida como el ‘Reino de las Mujeres’. Foto: Alamy.

Los Khasi viven en el noreste de la India y suman alrededor de 1 millón. “Kha-si” significa “nacido de una madre”, y han practicado el matriarcado durante miles de años. La propiedad del clan pasa de madre a hija, los niños toman el nombre de su madre y un hombre casado vivirá en la casa de la madre de su esposa o la visitará por la noche para tener relaciones sexuales. El divorcio es tan simple como que ambas partes decidan que ya no quieren estar el uno con el otro. Así, las mujeres Khasi tendrán un gran número de esposos a lo largo de su vida.

Aunque muchas sociedades matriarcales son antiguas, hay ejemplos más recientes. En el sureste de Brasil, por ejemplo, la pequeña ciudad de Noiva do Cordeiro alberga a unas 300 personas, y las mujeres lo administran todo. La ciudad se estableció en 1891 cuando su fundadora, María Senhorinha de Lima, fue expulsada de su hogar y de la iglesia por dejar a su esposo para estar con su amante. Considerada una puta y una adúltera, María fundó una comunidad de mujeres junto con las trabajadoras sexuales locales que la iglesia también había rechazado. Hoy en día, esas mujeres continúan viviendo como una comuna y venden verduras y artesanías, en lugar de sexo. Aunque algunas de estas mujeres están casadas, sus maridos trabajan lejos de la ciudad.

La comunidad de Alapine, Alabama, es una sociedad solo de mujeres fundada en 1997 como una comuna de lesbianas. Alapine fue una de las varias comunidades de lesbianas que se establecieron en la década de 1970, cuando un grupo de mujeres revolucionarias fundaron un campamento en la playa en St. Augustine, Florida. En la actualidad, Alapine tiene una extensión aproximada de 43 hectáreas y alberga a 17 mujeres. Las residentes cultivan la tierra en el día y realizan actividades comunales regulares, como lecturas de poesía y “círculos de la luna llena” por la noche. Si a alguien le interesa, la comunidad de Alapine siempre está interesada en que más reclutas se sumen a sus filas, siempre y cuando no tengan el cromosoma sexual Y en su información genética, por supuesto.

Beyoncé una vez cantó que las chicas “gobiernan el mundo”, y aunque eso todavía no es del todo cierto, estas sociedades matriarcales nos demuestran que las mujeres pueden gobernar y que, de hecho, gobiernan el mundo en ciertos lugares. Es posible construir comunidades en torno a los valores maternos, los cuales se basan en las necesidades en lugar de en el poder y la dominación. Lo que es más, cuando las mujeres están al mando, todos tienen una mejor vida y, por supuesto, el sexo es mucho, mucho mejor.

La Dra. Kate Lister es historiadora del sexo, escritora y profesora de la Universidad de Leeds Trinity. También dirige el blog Whores of Yore. Síguela en Twitter.

http://bit.ly/2LK1i3f

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